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ESPECIAL | Indicación Geográfica protege los métodos tradicionales de la producción venezolana

La Indicación Geográfica Protegida (IGP) es un signo distintivo que otorga el Servicio Autónomo de la Propiedad Intelectual (SAPI), a los productores sobre un rubro en particular relacionado con una zona geográfica, las cualidades naturales, sus características como: El clima, temperatura, humedad, el sol, entre otros factores ambientales; brindando una buena reputación y resaltando la calidad relacionada a esa área geográfica procedente.

A través de una videoconferencia que ofreció la directora de Indicaciones Geográficas Protegidas del SAPI, Zulay Poggi, explicó cuáles son las características que deben tener los productos para lograr este signo distintivo, así como, el impacto y beneficios para los productores y el país.

Poggi indicó que algunas de las características que debe tener un producto, ya sea agrícola o terminado, para ser acreditado como una IGP, es la zona donde se produce, lo que le proporciona unas particularidades que lo diferencian del resto.

Añadió que, para solicitar una Indicación Geográfica Protegida, en Venezuela se deben cumplir una serie de requisitos “Se realiza una solicitud acompañado de un documento técnico donde se demuestra la calidad (a través de varios estudios del producto a registrar), presentar las evidencias sobre cómo está vinculado el producto a esa zona, la tradición al momento de desarrollarlo; y finalmente, al tener los requisitos, se introducen ante el SAPI”, detalló.

Las IGP traen grandes beneficios, primeramente a los productores porque certifica que el producto registrado es oriundo exclusivamente de esa zona del país otorgando un valor agregado. Igualmente, al momento de exportar un rubro con IGP, se garantiza una calidad vinculada al área geográfica donde fue producido.

Poggi sostiene que para el país, es sumamente importante contar con productos de alta gama, lo que genera beneficios y permite tener el estándar ideal para garantizar una óptima calidad de exportación. Igualmente, sus beneficios enaltecen las raíces generacionales y la cultura popular, ya que si un producto desarrolla procesos ancestrales para su producción, con ello se protegen los métodos tradicionales únicos para su elaboración.

Otro de sus beneficios se vincula al tema ambiental y desarrollo sostenible, ya que, una IGP bien manejada, trabaja con técnicas orgánicas “en Venezuela las Denominaciones de Origen y las Indicaciones Geográficas Protegidas cuentan con productores quienes realizan un manejo orgánico en todo el proceso de siembra –en el caso del cacao- la fermentación, el secado es meramente orgánico”, aclaró Poggi.

Actualmente, Venezuela cuenta con tres Denominaciones de Origen, estas son: El Cacao de Chuao, el Cocuy de Pecaya y el Ron. En el caso de las Indicaciones Geográficas, las dos primeras que se han concedido en el país son el Cacao de Carenero y el Cocuy Larense.

“Esta es una experiencia bien grande para Venezuela, existen muchos productores interesados en obtener su Indicación Geográfica, buscando con ello mejorar su posición en el mercado (…) En el Servicio Autónomo de la Propiedad Intelectual se aceptan y reciben todas las solicitudes de los interesados en obtener su registro, quienes a su vez, aportan con su labor la permanencia cultural de tradiciones antiguas, productos de excelente calidad y apoyo local”, concluyó.